Mientras tanto, tal vez la nostalgia de la tierra itálica y las tentadoras ofertas del patricio Giovanni Mocenigo, que deseaba aprender de él los secretos de la memoria, decidieron a Bruno a trasladarse as Venecia. Durante unos meses fue así, preceptor del joven noble, pero éste no tardó en sentirse decepcionado con tales enseñanzas: el filósofo exponía la nueva filosofía “nolana” llamada, según él, a revolucionar el pensamiento y la cultura toda de Occidente, y Mocenigo esperaba sólo la revelación de ocultas fórmulas mnemotécnicas o quizá también alquímicas y mágicas. Resentido y mezquino, denuncia a Bruno ante la Inquisición, que lo encarcela el 23 de mayo de 1592.
El proceso largo, irregular y complicado se prolongó durante casi ocho años, primero en Venecia y luego en Roma. Entre las principales acusaciones que se presentaron contra el filósofo estaba, como es lógico, la negación de los dogmas básicos de la ortodoxia católica: el de la Trinidad y el de la encarnación del Verbo. También se le acusó de negar la transustanciación y la misa, de reducir los milagros de Cristo a actos de ilusionismo mágico, de afirmar la pluralidad de los mundos, de inclinarse a creer en la metempsicosis. Mucho le perjudicó asismismo su predilección por los estudios mágicos (tan comunes, sin embargo, entre filósofos y humanistas de la época). Y, por si esto fuera poco, se le imputó el haber arrojado al Tíber a quien en Roma lo delató ante la inquisición.
El 8 de febrero de 1600, en el Palazzo Madruzzi, dictaron los jueces del “sacro” tribunal su sentencia y condenaron a Bruno, fraile apóstata y rebelde, como hereje impertinente y pertinaz. Nueve días más tarde, al amanecer del 17 de febrero, fue quemado vivo en el Campo dei fiori. Afrontó la espantosa muerte con una serenidad y una fortaleza que hubiera envidiado Séneca y que sólo puede ostentar quien tiene la plena convicción de la verdad de su doctrina. En 1889 se le erigió allí mismo una estatua, que es al mismo tiempo celebración de la libertad filosófica llevada hasta el heroísmo y acusación perpetua a las instituciones, los hombres y las ideas que encendieron aquella hoguera7. (más…)