Archivo Historico Angel Cappelletti

Una síntesis del pensamiento del último Bakunin VII

15 Septiembre 2008 · 2 comentarios

En la nota segunda explica el carácter opresivo de todo Estado, que descansa necesariamente en la explotación y la esclavización de las masas y que, como tal, oprime y pisotea las libertades del pueblo y de toda forma de justicia, está condenado a ser brutal, conquistador, rapaz en sus relaciones con el exterior. El Estado -cualquier Estado, ya sea monárquico o republicano- es la negación de la humanidad. Lo es porque establece como su propósito más alto y absoluto el patriotismo de sus ciudadanos y coloca, según sus principios, por sobre todos los otros intereses del mundo el de su propia conservación, el de su poder dentro de sus límites y más allá de ellos. El Estado niega los intereses particulares y los derechos humanos de sus súbditos, así como los derechos de los extranjeros. Viola la solidaridad internacional entre los pueblos y los individuos, ubicándose fuera de la justicia y fuera de la humanidad”. La naturaleza del Estado se manifiesta del mismo modo “ad intra” y “ad extra”: el hecho de que necesariamente oprima al pueblo que les está sometido, conculcando todos sus derechos y negándole o retaceándole la libertad y la justicia, halla su concomitante y su lógico complemento en la voluntad que todo Estado tiene, manifiesta o latente, de oprimir a los demás Estados. El Estado es así la negación de la humanidad: 1.- porque desconoce la condición humana de sus súbditos, al negar su libertad y al ejercer sobre ellos una injusta opresión, 2.- porque niega necesariamente la humanidad de los pueblos que le son ajenos, al hacerlos objetos de sus conquistas y ver en ellos masas posibles de esclavos. Nada importa que se trate de un reino o de una república: tales características se dan por igual en cualquier Estado, puesto que son propias de su naturaleza o esencia. Bakunin, que durante un largo período consagró todas sus energías a luchar contra las monarquías tradicionales de Austria, Prusia y Rusia con el objeto de establecer en esos países repúblicas democráticas y federativas, ha llegado ya al final de su vida a la convicción de que no existe ninguna diferencia esencial entre un Estado republicano y uno monárquico, ya que el mal que les es propio reside precisamente en su condición de Estados. La negación de la humanidad, que constituye nota esencial del Estado, se manifiesta en el patriotismo que aspira a desarrollar en todos y cada uno de sus súbditos. Tal patriotismo consiste en la voluntad de afirmar la existencia y el poder del propio Estado por encima de cualquier otra existencia y cualquier otro poder; más aún, en la voluntad de acrecentar y multiplicar dicho poder contra el de cualquier otro individuo, grupo o Estado extranjero. Bakunin, que durante muchos años ha enarbolado la bandera del nacionalismo paneslavo, ha arribado al fin a comprender el carácter intrínsecamente contradictorio de tal ideología y, más aún, su carácter de particularismo anti-humano. El Estado ignora (y no precisamente “viola”, como dice Bakunin con expresión poco feliz) los vínculos naturales que unen a los pueblos y a los individuos entre sí, por encima de todas las fronteras y de todas las diferencias raciales, lingüísticas, religiosas, culturas, etc.

En la tercera nota, que es la más extensa, se ocupa Bakunin finalmente de las relaciones entre la Iglesia y El Estado de un modo particular: “El Estado es el hermano menor de la Iglesia. No existiría sin el respaldo de la idea teológica o metafísica. Siendo por naturaleza contrario a la justicia humana, tiene que buscar su antigüedad, que carecía por entero del concepto de nación o sociedad, fue absorbida y esclavizada completamente por el Estado; y todo Estado dedujo su origen y su derecho especial de existir y de dominar de algún dios o sistema de dioses, considerados patronos exclusivos de ese Estado. No se reconocía al hombre como individuo; faltaba la misma idea de humanidad. Había únicamente ciudadanos. De allí deriva que en esa civilización la esclavitud fuera un fenómeno natural y la base necesaria para el bienestar de esos ciudadanos.

Cuando el cristianismo destruyó el politeísmo y proclamó el Dios único, los Estados tuvieron que recurrir a los santos del paraíso cristiano, y cada Estado católico tuvo uno o varios santos patronos, sus defensores e intercesores ante el Señor, quien seguramente se habrá encontrado entonces en embarazosa situación. Además, cada Estado encontró necesario declarar que el Señor lo protegía de manera especial. La metafísica y la ciencia del derecho -basada esta última en la primera con respecto a lo conceptual, pero con bases reales en los intereses de las clases propietarias- también se esforzaron por descubrir un fundamento racional para justificar la existencia del Estado. Se sirvieron de la ficción de un acuerdo o contrato general y tácito o bien de la ficción de una justicia objetiva y de un bien general del pueblo, supuestamente representado por el Estado. Según los demócratas jacobinos, al Estado le tocaba la tarea de hacer posible el triunfo de los intereses generales y colectivos de todos los ciudadanos, sobre los intereses egoístas de los individuos, de las comunas o de las regiones en forma separada. El Estado es la justicia universal y la razón colectiva que triunfa sobre el egoísmo y la estupidez de los individuos. Es la declaración de la falta de méritos y de la sinrazón de cada individuo en nombre de la sabiduría y de la virtud de todos: la libertad general y colectiva que sólo es en realidad una desalentadora abstracción deducida de la negación de la limitación de los derechos de los individuos y basada en la esclavitud real de todos. En razón de que toda abstracción sólo puede existir mientras está respaldada por los intereses concretos de un ser real, la abstracción Estado representa en realidad los intereses concretos de las clases gobernantes y poseedoras de la propiedad, de las clases explotadoras y pretendidamente esclarecidas , y asimismo la inmolación sistemática, en su beneficio, de los intereses y de la libertad de las masas esclavizadas”.

Bakunin considera a la Iglesia como la hermana mayor del Estado por dos razones: 1.- Porque aquélla, por su organización vertical y jerárquica, es modelo de éste, 2.- Porque aquélla guía y respalda a éste, al proporcionarle una fundamentación teológica. Puesto que por su propia naturaleza se opone tan diametralmente a toda justicia humana, el Estado no puede encontrar justificación alguna de su existencia sino en una fantástica justicia divina. Donde no hay razones intrínsecamente válidas y justificaciones inmanentes no queda otro remedio sino acudir a lo trascendente. La distinción entre nación y Estado era ya corriente en el momento en que Bakunin escribe esto. Pero él da aquí un paso hacia delante, ya que no sólo distingue ambos conceptos sino que también los contrapone. Su interpretación de la antigüedad como una época en la cual la idea del Estado predomina absolutamente sin que existiera como contrapeso la idea de nación o simplemente de sociedad, contribuye, sin duda, a un intento original de demostrar la intrínseca vinculación entre Estado y esclavitud. Sin embargo, la misma no puede dejar de suscitar algunas objeciones. Piénsese, por ejemplo, en la historia de Israel, donde el sentimiento de nación siempre fue muy fuerte sin que el Estado apareciera hasta una época tardía (con la coronación del primer rey). Incuestionable es, por otra parte, la observación de que en la Antigüedad todos los Estados explicaban y justificaban su origen, así como sus derechos y ambiciones, en la voluntad de un dios o un conjunto de dioses. Más aún, podría haber dicho que, en general, ese dios o esos dioses eran creados “ad hoc” por el Estado, y no eran otra cosa más que una encarnación de su propia voluntad de poder. Tampoco puede negarse que el advenimiento del cristianismo, con su afirmación de un único Dios para todos los pueblos y Estados, desplazó la tutela particular de cada uno de éstos a la cabeza de los santos, intercesores y valedores ante un Dios único, y en realidad divinidades secundarias (aunque a veces tan poderosas como aquél) en la mentalidad de los pueblos medievales.

El Estado tiene, según Bakunin, una base conceptual y una base real: la primera es proporcionada por la ciencia del derecho (lo que de un modo especial se llamó en Alemania Staatsrecht); esta ciencia del derecho encuentra, a su vez, su fundamento en la metafísica (Bakunin piensa particularmente en Hegel y su escuela); la segunda la brindan, sin duda, los intereses de las clases dominantes, que son las que se han apoderado de la tierra y de los medios de producción.

Bakunin contrapone con toda razón esta concepción del Estado que acaba de desarrollar a la concepción democrática y jacobina. Esta, que desemboca en el marxismo, ve en el Estado un esfuerzo de unificación superior, de superación de los límites de las individualidades, de sublimación de lo instintivo en lo racional. Y, como bien advierte Bakunin, supone un menosprecio de la individualidad; más todavía, un verdadero sacrificio de las libertades personales, concretas y reales, en aras de la libertad general abstracta y ficticia. Pero, como una abstracción no tiene fuerza bastante si detrás de ella no está sosteniéndola un ser real y concreto, es evidente que, detrás de esa serie de abstracciones que constituyen el Estado, hay una muy concreta y poderosa realidad, que no puede ser sino la de las clases propietarias y dominantes, con sus intereses y aspiraciones.

Publicado en la Revista Orto Año VII Num 36 Mar Abr 1986 Barcelona, España, pp. 4 y 5.

Nota importante: Estamos en la búsqueda de la segunda parte de este texto. Disponemos de la serie desde la 1era, hasta la 7ma. faltando la segunda entrega. Aún cuando pueden leerse y entenderse por separado nos anima completar este importante escrito, si conoces, posees el mismo  y deseas colaborar en su ampliación,  escríbenos a: archivocappelletti@gmail.com, Muchas Gracias.

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2 responses so far ↓

  •   gabriela muñoz // 18 Junio 2009 a las 20:21

    a mi me parece muy interesante el filosofo Bakunin, pero no estoy de acuerdo en su postura religiosa.

  •   flyff gold // 26 Junio 2009 a las 22:35

    Good post! I plan to move into this stuff after I’m done with school, as most of it is time consuming. It’s a great post to reference back to. My blog needs more time to gain in popularity anyway.

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