Archivo Historico Angel Cappelletti

Una síntesis del pensamiento del último Bakunin (V)

15 Septiembre 2008 · No hay comentarios

A estos cinco puntos añade las siguientes consideraciones, que constituyen, sobre todo, una explicitación del último de ellos: “La escuela debe reemplazar a la iglesia y hacer innecesarios los códigos criminales, los gendarmes, los castigos, las prisiones y los verdugos. Los hijos no son propiedad de nadie; ni de sus padres, ni de la sociedad. Pertenecen sólo a su libertad futura. Pero en los niños esa libertad no es real aún; es sólo potencial. Porque la libertad real -la realización de una conciencia plena, basada en un sentimiento de dignidad propia y de respeto por la libertad y la dignidad ajenas- sólo puede manifestarse en los niños mediante el desarrollo racional de su espíritu, de su carácter y de su voluntad. Por lo tanto, la sociedad, cuyo futuro depende de la educación y de la instrucción de los niños, y que tiene no sólo el derecho sino también el deber de velar por ellos, es su única guardiana. Y puesto que, como resultado de la próxima abolición del derecho de herencia, la sociedad se convierte en la única heredera, estimará entonces como uno de sus primeros deberes proveer todos los medios necesarios para el mantenimiento, la instrucción y la educación de los niños de ambos sexos, sin considerar su origen o el de sus padres. Los derechos de los padres estarán limitados a amar a sus hijos y a ejercer sobre ellos la única autoridad compatible con ese amor, en la medida en que esa autoridad no vaya en contra de su moral, su desarrollo mental o su libertad futura. El matrimonio en el sentido de un acto civil y político, al igual que cualquier intervención de la sociedad en cuestiones de sentimientos, está destinado a desaparecer. El niño será confiado a la madre -naturalmente y no por derecho-, quedando este privilegio bajo la supervisión racional de la sociedad. En razón de que los menores, en especial los niños, son incapaces de razonar y de gobernar conscientemente sus actos, el principio de tutelaje y de autoridad, que debe ser eliminado de la vida de la sociedad, encontrará todavía una esfera natural de aplicación en su instrucción y en su educación. Sin embargo, tal autoridad y el tutelaje debe ser verdaderamente humano y racional y ajeno por completo a todas las contenciones de la teología, de la metafísica y de la jurisprudencia. Deben partir de la premisa que desde su nacimiento ni un solo ser humano es bueno o malo, y que el bien, o sea el amor a la libertad, la conciencia de la justicia y de la solidaridad, el culto, o mejor dicho, el respeto de la verdad, de la razón y el trabajo, sólo pueden desarrollarse en los hombres a través de la instrucción y de la educación racionales. Por lo tanto, destacaremos que sólo el propósito de esa autoridad debe ser preparar a los niños para la mayor libertad. Ese propósito puede alcanzarse únicamente por una gradual supresión voluntaria de esa autoridad, dando lugar a la actividad del niño en la medida que éste se aproxima a la madurez. La educación debe abarcar todas las ramas de la ciencia, de la técnica y del conocimiento de los oficios. Debe ser al mismo tiempo científica y profesional, general y obligatoria para todos los niños y debe ser también especial, es decir, acorde a los gustos y a las inclinaciones de cada uno, de manera que todo joven -de cualquiera de los dos sexos- al dejar la escuela y alcanzar la mayoría de edad, esté preparado para desempeñar un trabajo, ya sea mental ya manual. Libres del tutelaje de la sociedad, estarán en libertad de ingresar o no en cualquiera de las asociaciones del trabajo. Empero, necesariamente querrán ingresar en tales asociaciones, pues con la abolición del derecho de herencia y la transferencia de la tierra, el capital y los medios de producción a la federación internacional de las asociaciones de trabajadores libres, ya no habrá ocasión para la competencia, para la existencia del trabajo aislado. Nadie estará en condiciones de explotar el trabajo de otros; todos tendrán que trabajar para vivir. El que no quiera trabajar tendrá la alternativa de morirse de hambre si no encuentra una asociación o una comuna que lo alimente por piedad, pero entonces también se considerará no otorgarle ninguno de los derechos políticos, puesto que, siendo un hombre sano y físicamente capaz, prefiere el vergonzoso estado de vivir a expensas de otro. Los derechos sociales y políticos tendrán una única base: el trabajo aportado por cada uno. Sin embargo, durante el período de transición, la sociedad se enfrentará con el problema de los individuos -y desgraciadamente habrá muchos de ellos- que se criaron bajo el sistema prevaleciente de injusticia organizada y de privilegios especiales y que no fueron educados en la comprensión de la necesidad de justicia y de una verdadera dignidad humana y asimismo en el respeto y en el hábito del trabajo. Respecto de ellos los revolucionarios o la sociedad constituida luego de la revolución enfrentarán un penoso dilema: o bien tendrán que forzarlos a trabajar, lo cual sería despotismo, o bien tendrán que dejarse explotar por ociosos, y eso sería una nueva esclavitud y el origen de una nueva corrupción de la sociedad.

En una sociedad organizada según los principios de igualdad y justicia, que sirven de base a la verdadera libertad, y dada una organización racional de la educación y de la instrucción, la presión de la opinión pública, fundada en el respeto del trabajo, debe despreciar a los holgazanes, los vagos y los parásitos. Habiéndose convertido en excepciones sumamente raras, los casos de holgazanería serán considerados como enfermos que deben recibir tratamiento clínico. Únicamente los niños, los inválidos, los ancianos y las personas enfermas pueden estar exceptuadas del trabajo sin que eso tenga como consecuencia la pérdida de dignidad ni el menoscabo de los derechos de los hombres libres”.

Cuando, al comienzo de este programa, en el punto 1, propone Bakunin la igualdad de todas las clases, está incurriendo, según parece, en un grueso error semántico, que no dejará de ser aprovechado por Marx en contra suya. En efecto, postular la igualdad de las clases supone necesariamente postular una sociedad dividida en clases. Es claro, por otra parte, que la hablar de “igualdad política, económica y social de todas las clases”, Bakunin no quiere decir sino “abolición de todas las clases en cuanto tales”. Pero lo menos que se puede observar entonces es que se trata de una expresión singularmente confusa y desafortunada.

La abolición de la herencia, propuesta en el punto 2, también fue objeto de la oposición de Marx, tal medida, que en aquel momento y durante muchos años constituyó un verdadero coco para la burguesía y la pequeña burguesía, tiene sentido en un régimen colectivista, como el que Bakunin propicia; más aún, constituye el necesario fundamento de tal régimen. Sin embargo, cuando la meta es, como lo era para Marx o pa Kropotkin, una sociedad íntegramente comunista, deja de tener sentido, ya que en tal sociedad no hay nada que heredar (a no ser pequeños efectos personales sin valor económico).

La insistencia de Bakunin en la supresión de la herencia está encaminada no sólo al establecimiento de una economía colectivista sino también a la abolición de la familia tradicional y a la instauración de una nueva pedagogía libertaria. Por eso los tres puntos siguientes del programa, 3, 4 y 5, se refieren respectivamente al colectivismo, a la familia y a la educación.

En el punto 3, se propicia la forma de la posesión y la apropiación de la tierra, hasta ese momento en manos privadas, no por parte del Estado sino de asociaciones de trabajadores agrícolas, es decir, por parte de la comunidad de quienes la cultivan. Análogamente, el capital y los medios de producción, es decir, las máquinas e instalaciones industriales, deben ser expropiados por la comunidad de los obreros, o sea, por los asociaciones industriales. Queda implícito que el salario no será suprimido y que a cada asociado se le dará, del producto total, la parte que corresponda a su esfuerzo individual. La crítica del salariado será tarea de Kropotkin.

En el punto 4, en más estrecha vinculación lógica con los puntos anteriores de lo que pudiera parecer a primera vista, se propone la abolición de la familia, al menos en su estructura tradicional. Para Bakunin esta estructura reproduce esencialmente la de la sociedad estatal y dividida en clases y se funda también en la propiedad privada. Por eso, la supresión de la herencia, que asegura la transmisión de la propiedad privada, comporta el fin de la familia tradicional. La supremacía del varón, es decir, del marido.padre, que la sociedad burguesa ha conservado y que se perpetúa desde la antigüedad esclavista, debe ser desconocida por la sociedad socialista del futuro, para la cual garantizar la absoluta igualdad de hombre y mujer no ha de ser menos importante que instaurar una absoluta igualdad entre los individuos de diversas edades, razas, oficios, creencias, etc. La experiencia juvenil de Bakunin en la casa paterna de Premujino debío haber influido no poco en su decidido rechazo del patriarcalismo familiar, rechazo que ciertamente no aprendió de Proudhon.
(Continuará)

Publicado en la Revista Orto Año VI Num 34 Nov Dic 1985 Barcelona, España, pp. 4 y 5.

Nota importante: Estamos en la búsqueda de la segunda parte de este texto. Disponemos de la serie desde la 1era, hasta la 7ma. faltando la segunda entrega. Aún cuando pueden leerse y entenderse por separado nos anima completar este importante escrito, si conoces, posees el mismo y deseas colaborar en su ampliación, escríbenos a: archivocappelletti@gmail.com, Muchas Gracias.

Categorías: General
Etiquetado: , ,



0 responses so far ↓

  • Aún no hay comentarios... demuestra que eres una persona con personalidad y opina..

Dejar un comentario

*
To prove you're a person (not a spam script), type the security word shown in the picture.
Anti-Spam Image

Powered by WP Hashcash