Sin embargo, aquí se podría plantear un problema que dividiría de nuevo a unos y otros. Si la explotación del trabajo es la raíz de todo privilegio y de toda iniquidad histórica, ello significa que lo económico constituye la base y el funcionamiento de lo jurídico, de lo político, de lo ideológico, de lo cultural, de lo religioso, etc.; ello quiere decir que se puede hablar de una estructura económica y de una superestructura política, etc. Este sería el punto de vista de los marxistas. Pero es fácil advertir que el hecho mismo de que se consume la explotación del trabajo supone que hay ya fuertes y débiles, hombres capaces de explotar, subyugar y esclavizar a otros. Y este originario acto de fuerza no es obviamente un acto económico sino que más bien puede interpretarse como un acto “político”, ya que comporta la fundación del Estado y el establecimiento de la ley. Este sería el punto de vista de los anarquistas y del propio Bakunin. Aunque él, como muchos marxistas, admita también una acción recíproca constante entre lo económico y lo político, se diferenciará de ellos al negarse a situar lo económico como previo a lo político en un orden lógico e histórico. Tal divergencia está muy lejos de ser puramente académica: Bakunin no aceptará, como consecuencia de ella, la propuesta marxista de liquidar primero el capitalismo (la explotación económica) para que se extinga luego el Estado, sino que postulará la necesidad de abolir el Estado junto con el régimen económico capitalista y con la propiedad privada de los medios de producción.
“XIV. Desde el momento en que los derechos a la propiedad son universalmente aceptados, la sociedad se divide forzosamente en dos partes: por un lado, los poseedores de la propiedad, una minoría privilegiada que explota el trabajo forzado y organizado y, por otro, los millones de proletarios, ya sea sojuzgados como esclavos, como siervos o como asalariados. Algunos -gracias al ocio que deriva de la satisfacción de las necesidades y de la comodidad material- tienen a su disposición los más altos bienes de la civilización, la educación y la instrucción; los demás, los millones que constituyen el pueblo, están condenados al trabajo forzado, a la ignorancia y a un estado de perpetua necesidad”.
Esta tesis de Bakunin tiene también un claro sabor marxista. La propiedad privada es considerada como raíz y fundamento de la sociedad de clases. Básicamente la estructura de esta sociedad consiste en una oposición entre los que tienen y no trabajan y los que trabajan y no tienen. Sin embargo, históricamente, la relación entre ambos términos contrarios varía de acuerdo con los modos de producción y distribución de los bienes. En un primer momento, se trata de amos y esclavos. El trabajador es aquí, como mero instrumento viviente, un bien mueble. En un segundo momento, la oposición se da entre señores y siervos. Ahora, el trabajador, incorporado a la tierra(gleba), constituye un bien inmueble. Por fin, en un tercer momento, que es el que hoy vivimos, las dos clases contrapuestas son capitalistas y obreros asalariados. Aquí el trabajador tiene que vender su fuerza de trabajo, pero, como esta fuerza es lo único que posee, queda igualmente sometido al capitalista, que lo explota.
Bakunin no deja de señalar, como el propio Marx, que también los bienes espirituales, los que forman parte del mundo de la cultura, son accesibles en su mayor parte sólo a la clase propietaria, mientras a los trabajadores les están prácticamente vedados.
“XV. Por lo tanto, la civilización de la minoría está basada en el barbarismo obligado de la inmensa mayoría. En consecuencia, los individuos que gracias a su posición social gozan de toda clase de privilegios políticos y sociales son en realidad enemigos naturales, explotadores y opresores de las grandes masas del pueblo”.
La sociedad burguesa, no menos que la precedieron (la esclavista y la feudal), en cuanto es una sociedad de clases, sólo puede desarrollar una civilización, esto es, una cultura espiritual (ciencia, filosofía, arte, letras, etc.) en beneficio de las clases dominantes, las cuales constituyen obviamente siempre una minoría. Esto supone que la inmensa mayoría, que forman las clases dominadas, las cuales con su trabajo hacen posible aquella civilización al brindarle la indispensable base material, es privada en principio del goce de la misma y segregada de las formas más elevadas de la cultura. También desde este punto de vista los trabajadores, esto es, las grandes masas populares, deben mirar como explotadores y opresores, como enemigos naturales, a los miembros de las clases dominantes.
XVI. debido a que el ocio -la preciosa ventaja de las clases gobernantes- es necesario para el desarrollo del espíritu y debido a que el desarrollo del carácter y de la personalidad exigen asimismo cierto grado de bienestar y de libertad en los movimientos y en la actividad personal, era natural que las clases gobernantes se mostraran más civilizadas, más inteligentes, más humanas y, en cierta medida, más morales que las grandes masas del pueblo. Pero considerando que, por otra parte, la inactividad y el goce de privilegios debilitan el cuerpo, secan los sentimientos y extravían el espíritu, es evidente que las clases privilegiadas están condenadas a caer antes o después en la corrupción, la torpeza mental y la vileza. Vemos suceder eso justamente ahora”.
Las clases dominantes, que para Bakunin son sinónimas de las clases gobernantes, gozan de un innegable privilegio, que es el ocio. Sin ocio (y esto lo veía ya muy bien Séneca, cuando exhortaba al ocio a sus amigos) no hay cultivo del espíritu. Sin cierta holgura y despreocupación por las necesidades cotidianas, sin una cierta libertad frente a las labores materiales, es imposible dedicarse al propio perfeccionamiento moral e intelectual. Algún escritor proletario le reprochará a Tolstoi -no del todo injustamente- el haber podido predicar a los campesinos tan elevadas y evangélicas doctrinas como las que predicó en sus últimos años porque, a diferencia de los campesinos, nunca tuvo que arar o que cosechar. Se comprende, dice Bakunin, que los burgueses aparezcan no sólo como más inteligentes sino también como más humanos y civilizados que los proletarios. Esto era particularmente notorio en la Inglaterra victoriana y en la Europa posterior al imperio. Las clases superiores hacían gala de su amor por la ciencia y por el arte y de un humanitarismo cristiano-sentimental que podría llegar hasta las capas más bajas de la población y hasta los pueblos más alejados de la metrópoli. Pero, por otra parte, Bakunin no deja de advertir que también hay un factor que pesa en contra de las clases dominantes, a saber, el debilitamiento físico y psíquico que suele producir la inactividad, el enervamiento que surge del ocio estéril. Y, como es obvio, lo que está en contra de las clases dominantes está a favor de las dominadas. Llega entonces la hora de los “bárbaros”, ya sea de afuera, ya de adentro (proletariado) (Cfr. Ernest Coeurderoy, Hurra! Ou la Revolution par les cosaques).
También esto lo habían notado ya los historiadores y poetas de la Antigüedad clásica. Pero Bakunin parece anticipar aquí un tema spengleriano.
“XVII. Por otra parte, el trabajo forzado, y la carencia total de ocio condenan a la barbarie a las grandes masas del pueblo. Estas no pueden mantener y fomentar por sí mismas su desarrollo mental, pues debido a la carga heredada de ignorancia, los aspectos racionales de su faena -la aplicación de la ciencia, la combinación y el manejo de las fuerzas productivas- quedan exclusivamente para los representantes de las clases burguesas. Únicamente aquellos aspectos musculares, irracionales y mecánicos del trabajo, los cuales se vuelven aún más embrutecedores como resultado de la división del trabajo, han sido repartidos entre las masas, quienes están atontadas, en el verdadero significado del término, por su faena cotidiana, propia de galeotes. No obstante eso, gracias al maravilloso poder moral inherente al mundo del trabajo, debido a que al exigir justicia, libertad e igualdad para sí, los trabajadores exigen con ello lo mismo para todos sin que exista otro grupo social al que le toque una parte más áspera de la vida debido a que ellos han gozado muy poco de la vida y por consiguiente no han abusado de ella, lo que significa que no se han hartado de ella y, además, porque careciendo de educación poseen empero la enorme ventaja de no haber sido corrompidos y desnaturalizados por los intereses egoístas y las falsedades inducidas por la tendencia a la adquisición de todo, y habiendo conservado así la energía natural de carácter en tanto que las clases privilegiadas se hunden más y más, se debilitan y se corrompen incesantemente, debido a todo eso, únicamente los trabajadores creen en la vida, únicamente los trabajadores aman y desean la verdad, la libertad, la igualdad y la justicia a ellos pertenece el futuro”.
Por un lado, el proletariado que carece de tiempo libre y de ánimo desocupado, no es capaz de desarrollar por sí mismo sus facultades morales, e intelectuales, y, en una sociedad en que la ciencia se aplica ampliamente a la producción mediante la técnica, el obrero y el campesino sólo participan en ella en el aspecto puramente material o mecánico y quedan del todo excluidos de la labor intelectual.
Por otro lado, sin embargo, gracias a las intrínsecas virtudes morales de su condición de trabajadores, pueden asumir un nivel ético-social que jamás podrían alcanzar las clases dominantes, ya que el proletariado, al exigir para si mismo la justicia, la libertad y la igualdad que se le niegan en la práctica (aún cuando se le reconozcan a veces en teoría), exige lo propio para todos los hombres por igual. Es la misma tesis que sostiene Marx cuando dice que el papel revolucionario de la clase obrera se funda en el hecho de que ésta es la única clase capaz de acabar con la sociedad de clases; aunque Bakunin no habla, como Marx, específica y exclusivamente del proletariado industrial sino de las masas trabajadoras en general. Esta masa, que jamás ha gozado de los beneficios de la sociedad y de la civilización ni, en general de los bienes de la vida, se mantiene pura, a diferencia de las clases privilegiadas. No ha sido corrompida por las mentiras y los vicios de la sociedad burguesa, no ha sucumbido a la absurda manía adquisitiva, ha conservado la fuerza moral y física que las clases altas hanperdido. Es evidente que sólo ella puede vivir los más altos valores morales y sociales, amarlos y apasionarse por ellos hasta hacerlos realidad.
En la siguiente tesis expone Bakunin su programa anarquista:
“XVIII. Nuestro programa socialista exige y debe exigir sin vacilaciones: 1.- Igualdad política, económica y social de todas las clases y de todas las personas que viven sobre la tierra. 2.- Abolición de la herencia de la propiedad. 3.- Apropiación de la tierra por parte de las asociaciones agrícolas. Apropiación del capital y de los medios de producción por parte de las asociaciones industriales. 4.- Abolición de la ley de la familia patriarcal, basada exclusivamente en el derecho de herencia de la propiedad. Igualdad del hombre y de la mujer en cuanto a derechos políticos, económicos y sociales. 5.- El cuidado, instrucción y la educación de los niños de ambos sexos hasta que alcancen la mayoría de edad, incluida la capacitación científica y técnica. La alta enseñanza especializada deberá ser igual y obligatoria para todos”.
(Continuará)
Publicado en la Revista Orto Año VI Num 33 Sep Oct 1985 Barcelona, España pp. 4 y 5
Nota importante: Estamos en la búsqueda de la segunda parte de este texto. Disponemos de la serie desde la 1era, hasta la 7ma. faltando la segunda entrega. Aún cuando pueden leerse y entenderse por separado nos anima completar este importante escrito, si conoces, posees el mismo y deseas colaborar en su ampliación, escríbenos a: archivocappelletti@gmail.com, Muchas Gracias.!!!
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