La libertad puede ser considerada, según Bakunin, desde dos puntos de vista: personal o individual y colectivo o social. Desde el primero de ellos, consiste, básicamente, en la capacidad de autodeterminarse según la propia razón y la propia conciencia, sin interferencias de ninguna clase, ya provengan éstas de una autoridad cualquiera (civil, política, religiosa, filosófica, científica, etc.), ya surjan de la tradición, de la opinión general, etc. Ser libre en este sentido equivale a ser uno mismo, entendiendo por tal, la propia conciencia y la propia razón. Ya Godwin (a quien Bakunin por cierto no cita) reconocía en esto el supremo y único derecho del hombre. Y Fichte (a quien Bakunin estudió con entusiasmo en su juventud) afirmaba que el único acto moral es el que se realiza en respuesta exclusiva a la propia conciencia. Obrar moralmente suponía, pues, para él, lo que Bakunin llama ser personalmente libre, aunque Fichte, hablaba desde la perspectiva de un idealismo absoluto y Bakunin desde un punto de vista materialista. Pero en Bakunin, no menos que en Fichte, la libertad está unida a la autonomía de la conciencia, por una parte, y a la dignidad humana, por la otra.
Ser colectivamente libre quiere decir, para Bakunin, vivir entre hombres libres, siendo uno de ellos, y ver reconocida la propia libertad en todos y por todos los demás. Al insistir que el hombre no puede elevarse a la categoría de tal, y, por consiguiente, no puede llegar a ser un ente racional y a vivir racionalmente sino por el contacto con los otros hombres, por la sociabilidad, trata de demostrar, de otra manera, que la libertad es un efecto de la solidaridad, puesto que ser libre implica ser racional y no se accede a la racionalidad por la convivencia, que supone la solidaridad.
El carácter revolucionario del culto bakuninista por la libertad reside en esta convicción, Bakunin, al contrario de Stirner, está convencido de que el hombre solo no es libre (y ni siquiera hombre), y al mismo tiempo está convencido de que nadie puede ser individual o personalmente libre en una sociedad de esclavos, o viceversa. Por consiguiente, si yo quiero ser libre, no tengo más remedio que luchar por la libertad de todos los hombres: Liber liberat. La revolución es la conclusión necesaria de mi afirmación como ser racional y libre. Nada más falso, para Bakunin, que ese apotegma del sentido común burgués, según el cual mi libertad tiene su límite infranqueable en la libertad de los demás. Para él, mi libertad se expande, se potencia, se multiplica al infinito en la libertad de los demás hombres, puesto que sólo en ella y por ella se hace real y efectiva.
“VII. La libertad individual de todo hombre sólo se hace posible y real a través de la libertad colectiva de la sociedad de la cual el hombre forma parte en virtud de una ley natural e inmutable”.
Mi libertad consiste esencialmente en el reconocimiento de la misma por parte de otras libertades. Sin ese reconocimiento es una cualidad abstracta, ya que para hacerse real es preciso que se ejerza sobre otras libertades, y para ello es preciso, a su vez, que sea tenida tal libertad por otras libertades. Mi libertad es algo natural y aún inmutable, en cuanto forma parte, por ley natural e inmutable, de un todo social, integrado por seres libres.
En la nota siguiente explica, pues, Bakunin: “Como la humanidad, de la cual es su más pura expresión, la libertad aparece no al comienzo sino al final de la historia. La sociedad humana, como hemos dicho, comienza con la animalidad. Los pueblos primitivos y salvajes tienen tan poca estima por su humanidad y por sus derechos humanos que empiezan a devorarse entre sí. La segunda etapa en el curso de su desarrollo humano es la esclavitud. La tercera -en la cual vivimos actualmente- es el período de la explotación económica, del trabajo asalariado. El cuarto período, hacia el cual nos dirigimos, es la época de la justicia, de la libertad y de la igualdad, la época de la solidaridad mutua”.
La adopción del evolucionismo en la filosofía de la historia de Bakunin resulta tanto menos extraña cuanto más se tiene en cuenta que su formación hegeliana lo inclinaba a ello. Al fin y al cabo, el evolucionismo traspone a la Naturaleza lo que Hegel consideraba propio del Espíritu. En cualquier caso, con Hegel o con Darwin, lo más complejo, y, por tanto, lo más elevado y perfecto, se encuentra al final y no al principio de la historia. Se trata, en el fondo, de una doctrina optimista, que se opone a la visión clásica de la originaria Edad de Oro, cantada por los poetas griegos y latinos, o del Paraíso perdido de la Biblia.
En este sentido, Bakunin, al igual que todos los revolucionarios modernos, es un optimista. Sin embargo, su juicio acerca de la humanidad primitiva resulta evidentemente limitado por los convencionalismos europocéntricos de la antropología paracientífica de su tiempo. Considerar a las sociedades humanas primitivas como caracterizadas simplemente por el canibalismo, equivale a ignorar casi todo acerca de las mismas; creer que la esclavitud o el salariado capitalista constituyen “progresos” con respecto a la sociedad “primitiva” es una mera consecuencia de aquella ignorancia. Ya Kropotkin, sin duda mucho más familiarizado con la biología y la antropología de su época, superará ampliamente esta interpretación bakuniniana.. Fácil resulta imaginarse, en todo caso, la sorpresa de Bakunin si hubiera llegado a conocer los trabajos de Clastres y otros antropólogos de nuestros días que nos presentan la sociedad primitiva como una sin clases y sin Estado, y que, más aún, consideran como rasgo específico de tal sociedad, frente a todas las sociedades posteriores “civilizadas”, el hecho de ser una sociedad no “dividida” entre gobernantes y gobernados.
VIII. El hombre primitivo, natural, se convierte en un hombre libre, se humaniza y obra libre y normalmente; en otras palabras, se vuelve consciente de su humanidad y comprende interiormente y por sí mismo su condición humana y los derechos de sus semejantes. Por consiguiente, el hombre debe desear la libertad, la moralidad y la humanidad de todos los hombres en provecho de su propia moralidad y su libertad personal”.
El proceso de humanización que, para Bakunin, en ningún caso puede cumplirse total o parcialmente fuera del ámbito de la naturaleza (puesto que todo es, según él naturaleza) supone, sin embargo, una relativa superación de la etapa originaria, meramente animal o biológica, de la especie, que conduce a un nivel propia y específicamente humano, caracterizado por la libertad y el reconocimiento de los derechos de los demás. Cada individuo está interesado en que todos los otros accedan a este nivel, ya que solamente así él podrá ser verdaderamente hombre…
“IX. Así, el respeto por la libertad de los demás es el más alto deber del hombre. Amar esa libertad y servirla: tal es la única virtud. Esta es la base de toda moral y no puede existir otra”. En esta tesis sintetiza Bakunin toda su ética. El imperativo: “Obra con los demás como desearías que ellos lo hicieran contigo” se traduce lógicamente en: “Respeta, sobre todas las cosas, la libertad de tu prójimo”, ya que la esencia de la humanidad es, para Bakunin, su libertad.
“X. Puesto que la libertad es el resultado y la expresión más clara de la solidaridad, o sea, de la comunidad de intereses, sólo puede lograrse bajo condiciones de igualdad. La igualdad política únicamente puede fundarse en la igualdad económica y social. Y la realización de la libertad a través de la igualdad constituye la justicia”. La libertad surge de la solidaridad, pero ésta, a su vez, supone igualdad. Cuando Bakunin habla de igualdad, no entiende ciertamente por tal, como hemos repetido ya muchas veces, la igualdad ante la ley (igualdad jurídica) ni la igualdad de los derechos electorales (igualdad política), sino algo más. La igualdad jurídica y política se basan, para él, en la igualdad económica y social. Ahora bien, ésta significa la abolición de la propiedad privada (de los medios de producción y de la tierra, así como de la herencia) y la instauración de una sociedad sin clases ni jerarquías de ninguna especie. Cuando la liubertad se realiza en toda su plenitud, es decir, sin ningún género de limitaciones ni de cortapisas, esto es, cuando se realiza a través de la plena y concreta igualdad (jurídica, económica, política y social), se logra la justicia que, para Bakunin, viene a ser aquí, como lo era sistemáticamente para Proudhon, síntesis de toda moralidad y de toda cultura humana. Cualquier fundamento que se pretenda dar a la moral, ya sea trascendental, ya Emp.rico, fuera del amor a la libertad propia y ajena, constituye para Bakunin un fundamento vano.
“XI. Puesto que el trabajo es la única fuente de todos los valores, los servicios y la riqueza en general, el hombre, que es en primer lugar un ser social, debe trabajar para vivir”.
Bakunin, que, pese a sus disputas con Marx, no tiene empacho en confesar que sigue sus doctrinas económicas, parte de la tesis de que no es la tierra, (como lo afirmaban los fisiócratas) ni el capital con el trabajo, sino el trabajo solo la única causa de todos los bienes económicos y de toda la riqueza material de la sociedad. De esta tesis fundamental deducirá varias proposiciones (como se verá en lo que sigue), pero, ante todo, infiere la obligación que todo individuo humano tiene, como miembro de la sociedad, de aportar a ella su trabajo. En esto Bakunin no hace sino reproducir el viejo precepto de San Pablo: “El que no trabaja que no coma”.
“XII. Sólo el trabajo conjunto, es decir, el trabajo organizado según los principios de reciprocidad y de cooperación, es apropiado para cumplir con la tarea de mantener a una gran sociedad civilizada en alguna medida. Cualquier cosa que sirva a la sociedad sólo puede ser creada mediante el trabajo en conjunto y organizado de esa manera. Todo el secreto de la ilimitada productividad del trabajo humano consiste, en primer lugar, en la aplicación de una razón científicamente desarrollada -lacual, a su vez, es el producto de un trabajo ya organizado- y, además, de la división de este trabajo, pero bajo la condición de unir o vincular simultáneamente ese trabajo dividido”.
Es evidente, para Bakunin, que la existencia de una sociedad civilizada no sólo supone, como principal y -bien se puede decir- único soporte, el trabajo de sus miembros, sino también el trabajo coordinado racionalmente y basado en principios de cooperación, esto es, en la solidaridad y la mutua ayuda. Kropotkin desarrollará esta idea en La conquista del pan y en Campos, fábricas y talleres, entre otras obras, e insistirá como Bakunin, en el carácter social de toda riqueza, esto es, en el hecho de que a la producción de cada objeto utilizado por el hombre han contribuido innumerables hombres, no sólo de los que hoy viven sino también de las pasadas generaciones, no sólo de los que trabajan allí donde el objeto es producido sino también de los que laboran en lejanos países. Proudhon, por su parte, había insistido en la idea de que la riqueza social no surge por mera adición del trabajo de cada individuo, sino, más bien, de la multiplicación de los factores elementales entre sí, de tal manera que el trabajo social representa algo no sólo mucho más grande que la suma de todos los trabajos individuales sino también algo cualitativamente diferente y más elevado (Cfr. Avertissement aux propiétaires).
Bakunin señala que la capacidad ilimitada de producción que, según él cree, hay en el trabajo dentro de la sociedad moderna, depende de dos factores: 1º de aplicación de los resultados de la ciencia a la modificación de la naturaleza, 2º de la progresiva división del trabajo, o sea, de la especialización. Reconoce, sin embargo, que la ciencia no podría haberse desarrollado sino mediante el trabajo organizado (de donde surge un círculo dialéctico: trabajo-ciencia-trabajo), y reconoce asimismo que la división del trabajo no puede darse sin que haya también una unidad en el mismo, que representa el momento de la coordinación (inteligencia) y de la solidaridad (voluntad) (de donde un segundo círculo dialéctico: unidad-división-unidad).
Es interesante advertir que en estas ideas sobre la producción y el trabajo están simultáneamente presentes en Bakunin su pasado filosófico, representado por la disimuladao tal vez por la inconsciente dialéctica hegeliana, y su presente, dado en el naturalismo y en su admiración por la ciencia y la técnica. En Kropotkin desaparecerá el primer elemento y se desarrollará el segundo.
“XIII. El fundamento y el contenido principal de todas las iniquidades históricas, de todos los privilegios políticos y sociales, es la esclavización y la explotación del trabajo organizado en beneficio del más fuerte, para conquistar naciones, clases o individuos. Esa es la verdadera causa histórica de la esclavitud, de la servidumbre y del trabajo asalariado; y ésa es, en forma resumida, la base del pretendido derecho a la propiedad privada y heredable”.
La tesis de que toda sujeción social, económica y política surge en la historia de la explotación del trabajo del más débil por parte del más fuerte demuestra la influencia tanto de Proudhon como de Marx sobre Bakunin. Pero la enumeración de la esclavitud, la servidumbre y el trabajo asalariado nos hace pensar que tenía en cuenta particularmente al segundo, mientras formulaba esta tesis. En todo caso, la misma puede ser aceptada tal como Bakunin la presenta, tanto por marxistas como por anarquistas.
(Continuará)Publicado en la Revista Orto Año VI Num 32 Jul Ago 1985
Nota importante: Estamos en la búsqueda de la segunda parte de este texto. Disponemos de la serie desde la 1era, hasta la 7ma. faltando la segunda entrega. Aún cuando pueden leerse y entenderse por separado nos anima completar este importante escrito, si conoces, posees el mismo y deseas colaborar en su ampliación, escríbenos a: archivocappelletti@gmail.com, Muchas Gracias!!!.
1 response so far ↓
last chaos money // 26 Junio 2009 a las 22:34
This is a great article. I’m new to blogging but still learning. Thanks for the great resource.
Dejar un comentario